Un cuentecillo 'gandalla'

'Ya no aguanto más, un segundo más y moriré' –Decía ella, atrapada sin ninguna salida por que esas varillas la apresaban con mucha decisión, mientras envidiaba el vuelo fresco de sus semejantes. Ideaba formas de librársela, y todas las que concebía eran descabelladas, la ansiedad la había transportado a tales circunstancias, no sabía exactamente lo que quería, clamaba solamente por libertad, pero tampoco sabía que haría con esta. Sólo quería escapar, soltarse, aunque no había experimentado fuera, lo deseaba tanto que a veces, cuando ella estaba sola y pensaba, sentía que le corrían mil hormigas dentro de ella, unas implorando y otras ordenándole escapar. Pero esas varillas apretaban fuerte. A veces, para su sorpresa, la dejaban correr un poco, y ella debatía consigo misma sólo unos segundos, pero siempre era demasiado tarde, y luego apretaban tanto que la hacían sangrar mucho, pero no le importaba, seguía luchando, hasta que pasó. ..
Ella nunca protestaba por nada, las reclamaciones que pudiesen surgir en sus pensamientos, eran ahogadas por silencio y recomendaciones, pero ésta vez la apresaron demasiado, sangraba mucho y los días transcurrían sin límite alguno.

Los primeros días ella pensaba firmemente, sin ninguna incertidumbre que lograría salir. Pero no fue así. La segunda semana le brotó una extraña especie de ranura por la cual sangraba, y formaba una pequeña y consistente mancha de sangre.

Comenzaba a perder la esperanza de salir, pero una pizca de orgullo la hizo salir de la hendidura. De pronto, le emergió la deliciosa imagen: ya que ella no podría escapar para seguir viviendo en este mundo, entonces cruzaría al siguiente, cuando aquella rondara por ahí, haría captar su atención, y entonces, se clavaría ella misma la varilla. 'Lo malo, --Decía ella, es que no estaré ahí para ver su impresión, me encantaría ver cómo reaccionaría' Mejor, se decidió a idear algo que pudiese disfrutar.

La mancha creció sólo un par de milímetros más, percibió que dejaba de fluir si el orgullo prevalecía en sus pensamientos.

Un buen día, no dejó pasar la oportunidad, ya había desperdiciado demasiadas como para poder dejar pasar esta. Levantó la voz y expresó todo lo que pudo decir. Sólo hacía pausa para tomar aire, y la herida le sangraba en momentos. Ella estaba completamente decidida a suicidarse en cuanto terminara de hablar, hasta que llegó al clímax, y, cuando iba a proceder a realizar el acto, tomó lo que por un momento creyó, sería su última bocanada de aire, y, aquella, temiendo lo que sospechaba, la soltó. En ese preciso momento, ella reconstruyó sus intenciones, cambió radicalmente de parecer, lo que hizo que le brotaran una especie de alas, y sin pensarlo otra vez, armó el vuelo gracias a su grandeza, pues no sabía cómo hacerlo, sólo despegó hacia el infinito en el acto más glorioso y gandalla que había hecho toda su vida.

Aquella no podía entender nada. Creyendo en un momento, que ella moriría en el lecho que le había construido, le intrigaba saber quién le había influenciado, y se atemorizaba al pensar que no podía ser de esa forma, que ella en realidad había planeado todo por su cuenta, pero al final, le aterraba más las conclusiones: lo había hecho y no había vuelta atrás.

Lo imposible había acabado de suceder. Aquella solamente quedó inmóvil, sin poder juntar su mandíbula de nuevo, encerrada para siempre en su perplejidad.

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